Si mañana despierto

Si mañana despierto sabré que todo ha sido un sueño. Es complicado distinguir lo que sueñas y lo que vives cuando estás despierto. Para muchos solo lo es a veces, para mí es algo habitual con lo que siempre he vivido, o he soñado, una pesadilla, en serio. Disculpe mis ironías, sé que no proceden, pero el tema se presta y para mí frivolizar siempre ha sido un escudo, un modo de protegerme de la vida. ¿Por qué? Porque la vida siempre me ha venido grande, nunca he tenido nada claro, ni de niño en la escuela, cuando los demás críos querían claramente ser bomberos o astronautas de mayores yo no tenía ni idea, las dos cosas me asustaban. Sí, siempre he tenido miedo. ¿De qué? De nada y de todo, así es la cobardía. Es la primera vez que lo reconozco en voz alta, si esto resultara no ser un sueño. Soy un cobarde. Ahora que lo he confesado siento más vergüenza que miedo; curioso. Va a ser verdad eso que dicen sobre los miedos, que hacen más daño que aquello los produce, eso a lo que evitas enfrentarte y para evitarlo pasas la vida huyendo y muerto de miedo, muriendo y no viviendo. Hasta que un día, el menos pensado, te ves obligado a encarar lo que tanto temor te ha causado para descubrir con perplejidad y bochorno que no era para tanto, o que no era para nada. Pero mientras te ha arruinado la vida. Es horrible vivir con miedo, no se hace usted una idea, usted es un valiente, se ve enseguida, lo supe incluso antes de que sacara la pistola cuando le abrí la puerta y se hizo pasar por encuestador, fíjese que tontería, si me dice que era vendedor a domicilio hubiese sospechado enseguida, habría cerrado dando un portazo, pero lo de encuestador me descolocó, me pregunté durante un segundo si era un oficio real, nunca lo había oído, no el vocablo al menos. Y esa duda, esa demora mínima, le permitió sacar el arma y empujarme dentro. Confieso que nunca había tenido un sueño parecido, pero el terror que me invadió era el de siempre, el que te paraliza y te arrebata la poca dignidad que tienes, el de todas mis pesadillas, dormido y despierto, mi viejo carcelero desde niño, el innombrable y odioso miedo. Pero sé que esto es un sueño, no digo que no sea real, el miedo que siento es la prueba, sino que cuando despierte sabré que ha sido un sueño, sabré mientras me ducho que sigo siendo un cobarde que hasta durmiendo tiene miedo. ¿Que no es un sueño? Eso lo dirá porque usted nunca ha soñado sueños donde sientes un miedo idéntico al que padeces despierto. La cobardía es terrible, no te deja en paz ni dormido. Y esos motivos por los que dice usted que me va a quitar la vida, esa estafa de poca monta por la que le han contratado para ajustar cuentas no significa nada para mí. Me va a matar por el motivo equivocado: voy a morir merecidamente por cobarde, aunque es complicado que te asesinen en un sueño ¿no cree? Sé que lo merezco, incluso que lo deseo en cierto modo, pero todo quedará en un mal sueño. Pero eso solo lo sabré mañana. Si es que despierto.